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Escucharnos para poder cuidarlos

Actualizado: 15 dic 2025

El autocuidado también protege a nuestros hijos.


A veces creemos que las enfermedades de nuestros hijos tienen sólo un origen físico: virus, bacterias, gérmenes… y sí, claro que existen y pueden afectar su salud. Pero también es posible que, detrás de un malestar, el cuerpo de nuestros pequeños esté intentando expresar aquello que aún no pueden decir con palabras.


Los niños no sólo heredan nuestro ADN, también absorben nuestra energía emocional. Nuestras heridas no sanadas, nuestras emociones reprimidas, todo lo que callamos… muchas veces ellos lo sienten. No se trata de culparnos, sino de tomar conciencia: ¿cuántas veces en la rutina diaria dejamos de escucharnos, de atender nuestras propias necesidades y emociones?


En muchas familias, en medio de procesos difíciles -llenos de frustración o desilusión- guardamos lo que sentimos por priorizar el bienestar de los demás. Entonces, un hijo puede estar pasando por un virus o una enfermedad física y, al mismo tiempo, reflejar aquello que nosotros no hemos expresado. El cuerpo habla y, cuando ignoramos sus señales, encuentra otras vías para manifestarse.


Las enfermedades no siempre llegan para destruirnos, a veces vienen a transformarnos, a despertarnos, a recordarnos que cuidarnos no es un lujo, sino un acto de amor propio. El autocuidado es compasión, es conexión con uno mismo, es estar presente para nuestras propias necesidades.


Te invito a regalarte momentos de autoobservación y reflexión: ¿qué emociones estás evitando?, ¿qué parte de ti necesita atención y cuidado?, ¿qué has guardado y necesitas liberar? Y si no sabes cómo hacerlo solo, busca apoyo. La salud no depende únicamente de la alimentación o los hábitos; también se construye con la forma en que te escuchas, te atiendes y gestionas tu mundo emocional.


Tómate un momento para reflexionar: ¿tu cuerpo te ha estado hablando últimamente… y lo has ignorado?


El cuerpo habla y, cuando ignoramos sus señales, encuentra otras vías para manifestarse.
El cuerpo habla y, cuando ignoramos sus señales, encuentra otras vías para manifestarse.

 
 
 

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