Mirar el año con claridad
- Nathalie de Mestral
- 15 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Un ejercicio práctico para ordenar emociones, relaciones y aprendizajes.
Me gustaría compartirte un ejercicio para cerrar el año con el corazón abierto.
Diciembre es un mes de mucho movimiento: preparativos, reuniones, cierres y un cansancio acumulado que se hace sentir tanto en el cuerpo como en la mente.
Este ejercicio tiene como propósito ofrecerte una pausa consciente para mirar con honestidad lo que viviste, lo que dejaste atrás, lo que aprendiste y también lo que dolió. Una pausa para ordenar lo vivido, reconectar contigo y con tus necesidades reales, y preparar el terreno para iniciar un nuevo ciclo con mayor claridad.
Regálate este momento; también forma parte del cierre.
El paisaje de mi año.
Este ejercicio no busca evaluar qué tan bien lo hiciste ni cuántas metas cumpliste, sino de observar, integrar y resignificar tu historia desde una mirada honesta y compasiva.
Paso 1: Divide tu año en cuatro dimensiones. Respira profundo…, piensa y en una frase responde con sinceridad.
Emociones: ¿Cómo estuve emocionalmente durante el año? ¿Hubo momentos de calma, tensión, incertidumbre, alivio o crecimiento?
Relaciones: ¿Cómo estuvieron mis relaciones de pareja, familia, amistades, límites personales? ¿Qué vínculos se fortalecieron y cuáles se desgastaron?
Trabajo y proyectos: ¿Cómo me sentí con respecto a mi desempeño, motivación y sentido del trabajo? ¿Qué logros, dificultades o aprendizajes surgieron?
Cuerpo, energía y salud: ¿Cómo estuvo mi nivel de energía? ¿Qué señales me envió mi cuerpo? ¿Qué hábitos cuidé y qué descuidé?
Paso 2: Sin censura, sin corregir y sin intentar dar la respuesta “correcta”, escribe lo primero que venga:
¿Qué experiencias me fortalecieron este año?
¿Qué me desgastó o me restó energía vital?
¿Qué solté, incluso sin haberlo deseado?
¿Qué surgió o nació en mí durante este ciclo?
¿De qué me siento orgulloso/a?
¿Qué me hubiera gustado hacer diferente?
Paso 3: Elige una palabra que resuma tu año, una sola palabra que contenga tu historia, que capture la esencia de tu recorrido emocional durante este año. No es una meta, sino un concepto que resume lo que viviste.
Algunas opciones posibles son: resiliencia, movimiento, duelo, calma, transición, claridad, renacimiento, agotamiento, valentía, aprendizaje, soltar, reconstrucción, determinación.
La palabra que elijas será tu puente entre lo vivido y lo que se abre hacia adelante.
Paso 4: Como cierre reflexivo y preparación para el año que viene, responde brevemente estas preguntas que pueden ayudarte a establecer metas saludables, realistas y coherentes con tu bienestar personal, por encima de las expectativas externas:
¿Qué deseo llevar conmigo hacia el próximo año?
¿Qué necesito dejar atrás?
¿Qué capacidad, hábito o actitud quiero fortalecer?
Realizar un balance estructurado del año invita a detenerse, mirar con perspectiva y organizar vivencias. Permite identificar patrones, reconocer recursos internos y comprender las necesidades que emergen de la historia reciente. Desde esa lucidez, es más sencillo orientar los pasos futuros y tomar decisiones más alineadas con tu bienestar emocional.
Si durante esta revisión surgieron temas sensibles o áreas que siguen generando malestar, profundizarlos en un espacio terapéutico seguro puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, cuidado y acompañamiento profesional.









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