Cómo convertirte en apoyo en un momento crítico
- Nathalie de Mestral
- 15 nov
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 18 nov
Herramientas simples para situaciones inesperadas
Un accidente es un evento sumamente estresante. De hecho, en la Escala de Holmes y Rahe -una herramienta que mide el impacto del estrés acumulado por cambios vitales (positivos o negativos) en el último año- este tipo de suceso ocupa el puesto número 6 de 43, lo que muestra lo significativo que puede ser en la vida de una persona.
Como su nombre lo indica, un accidente es algo inesperado, simplemente ocurre. Podemos estar en una calle, en un supermercado, conduciendo, en un parque, en casa, en el trabajo, cuando, de pronto, alguien se cae, se desmaya, choca contra algo. Esa persona necesita ayuda y, por casualidad, yo soy quien está allí en ese momento. Lo primero que pienso es: “¿Y ahora qué hago?”. Y ahí es cuando entran en juego los primeros auxilios y la importancia de estar familiarizados con ellos. Porque no siempre correremos con la suerte de tener en ese momento a un especialista que pueda asistir a la persona afectada. Pero yo, siguiendo unos pasos simples, puedo salvar una vida!
Como psicóloga que acompaña a personas en momentos de transición y adaptación, veo algo que se repite: cuando la vida se vuelve incierta, tener claridad y estructura calma, tranquiliza. Los primeros auxilios hacen exactamente eso.
No tengo que saberlo todo
Los primeros auxilios no son una lista interminable de técnicas complicadas. Tampoco se trata de que memoricemos manuales ni de ser héroes. Se trata de saber lo básico, lo que sostiene, lo que protege.
Saber primeros auxilios me permite:
actuar sin dejarnos dominar por el pánico
pedir ayuda correctamente
proteger a la persona afectada (y a nosotros mismos)
evitar que la situación empeore
acompañar emocionalmente
sentirnos más seguros en la vida cotidiana.
No se trata de hacer mucho, sino de actuar bien. Y actuar bien empieza con gestos muy sencillos.
1. Asegurar el lugar
Antes de acercarme, antes de tocar a la persona, antes de actuar… es importante observar:
¿Hay tráfico cerca?
¿Hay fuego, humo, cables?
¿Hay cristales o algo que pueda lastimar?
Estos segundos de observación pueden evitar que haya más víctimas, incluyéndome a mí. Mi seguridad es el primer paso del auxilio. Y no se trata de egoísmo, sino de lógica, porque si yo me lastimo, nadie más puede ayudar.
2. Llamar al número de emergencias de mi país
112 en la Unión Europea, 911 en América, 999 en Reino Unido, 000 en Australia.
El número puede cambiar según el país, pero la regla es universal: llamar. No esperar ni suponer que alguien más lo hará.
Cuando llame, la persona que atiende no espera perfección, sino claridad, es decir saber dónde estoy, qué pasó, cuántas personas están afectadas, si respiran o si están inconscientes.La persona de emergencias me guiará, me pedirá que no cuelgue hasta que me lo indique.
Ya con mi llamada estoy ayudando y muchísimo!
3. Acompañar
Aunque yo no haga maniobras técnicas, yo puedo ser un sostén poderoso.
Acompañar quiere decir hablar con calma, no dejar sola a la persona, cubrirla si tiene frío, asegurarme de que respira, observar si cambia su estado, decirle que ya viene la ayuda. Y esto estabiliza, esto contiene y esto puede salvar.
Muchas veces, la mayor ayuda no está en las manos, sino en la presencia.
Los primeros auxilios también son emocionales
Cuando pasa un accidente, lo que ocurre es que el cuerpo entra en alerta. Pero la mente también entra en shock. El miedo aumenta, los pensamientos se aceleran, la persona afectada puede sentirse sola, confundida, desbordada. Y aquí es donde yo puedo marcar la diferencia con frases que son de mucha ayuda, como por ejemplo: “Estoy aquí contigo”, “Ya pedí ayuda”, “Vamos a respirar juntas/os”, “No estás sola/o”.En cambio, frases que no ayudan son: “Tranquilízate” (genera tensión), “No es para tanto” (niega la experiencia), “Te lo dije” (culpa).
En el punto anterior hablé de cubrir a la persona accidentada para que no pierda calor, esto es también contención emocional, no sólo física.El tono de mi voz puede bajar la angustia y estabilizar el cuerpo de la persona herida. Mi voz también es un primer auxilio. La seguridad emocional también puede salvar vidas.
Un llamado a madres, padres y comunidad
Saber primeros auxilios no es un lujo. No es un conocimiento “extra”. Tampoco es algo reservado a profesionales.
Saber primeros auxilios ayuda a actuar con confianza, a proteger a quienes amamos, a cuidar a desconocidos cuando más lo necesitan, a fortalecer el sentido de comunidad.
Saber primeros auxilios es una herramienta de vida, es pertenencia, es responsabilidad compartida, es humanidad.
Las personas adultas somos muchas veces las primeras en llegar. Y en esos minutos, antes de que llegue la ambulancia, antes de que alguien especializado intervenga, yo puedo hacer la diferencia. Porque puedo proteger, sostener, llamar, tranquilizar. Y eso, en momentos críticos, es enorme!
Conclusión
No importa mi país, mi edad, mi sexo, mi posición socio-económica, mi ocupación. No importa si nunca tomé un curso de primeros auxilios. Yo puedo ayudar.
Aprender primeros auxilios es aprender a cuidar. A cuidar de otros, de mí, de la comunidad. Es una muestra genuina de cuidado y responsabilidad. Es decir, en otras palabras, “no estás sola/o, cuentas conmigo”.
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Considera tomar un curso breve de primeros auxilios. No tienes que saberlo todo, sólo lo esencial.
Guarda este artículo para releerlo cuando lo necesites. Nunca sabemos cuándo este conocimiento será útil.
Habla con tus hijos y/o sobrinos sobre el número de emergencias de tu país. Un niño bien informado puede marcar la diferencia y ayudar a más de una persona, porque los niños comparten con entusiasmo todo lo que aprenden y se lo cuentan a sus abuelos, a los tíos, a los vecinos. Así, una sola información puede llevar a varias personas y, ese conocimiento puede salvar vidas.









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